Las temperaturas extremas en Bélgica sorprendieron a residentes y autoridades sanitarias. Entre dieciocho de junio y doce de julio murieron muchas personas.
La tasa de mortalidad aumentó un treinta y uno por ciento este verano.
No solo los ancianos, también hombres en edad laboral fallecieron inesperadamente. El impacto fue particularmente grave en la región de Valonia y Lieja.
Los modelos científicos subestimaron el verdadero alcance de las muertes registradas. El gobierno belga prepara un nuevo plan de emergencia para dos mil veintisiete.
