Las autoridades belgas acuerdan una etiqueta digital obligatoria desde dos mil veintisiete. Abarca coches registrados tanto en Bélgica como en otros países europeos.

Esta medida incluye vehículos que pesen menos de tres coma cinco toneladas.

El importe de la etiqueta depende del nivel de emisiones contaminantes. Buscan que conductores extranjeros también contribuyan al mantenimiento de las vías.

Bruselas examina si se infringen las normas de no discriminación europeas. El debate sobre la legalidad comunitaria podría retrasar la implantación definitiva.