Miles de vecinos hicieron maletas y dejaron atrás las calles bruselenses. La cifra de quienes abandonaron Bruselas superó los treinta y siete mil.

Casi todos optaron por mudarse a la región flamenca o valona.

El auge del teletrabajo permitió alejarse del elevado coste urbano. Las familias buscaron viviendas más amplias y económicas fuera del casco.

Expertos señalaron que ahora el trabajo remoto redefine las prioridades residenciales. El ayuntamiento examina nuevas políticas tras revisar el flujo migratorio reciente.