Los pasajeros llegan de madrugada y encuentran colas interminables en pasaportes. Con retrasos en multitud de vuelos, la situación empeora cada minuto.

Familias, mayores y niños se quedan sin asientos suficientes durante horas.

Los trabajadores del aeropuerto distribuyen agua, pero la incomodidad sigue creciendo. El colapso obliga a suspender temporalmente los controles biométricos automáticos.

Expertos insisten en que el sistema EES duplica la lentitud respecto al manual. El Ministerio promete nuevas contrataciones y agilizar procesos durante el verano.