El gobierno alemán aprueba una reforma para reforzar la inteligencia nacional. Alexander Dobrindt defiende dotar a los servicios secretos de más herramientas.
La amenaza crece a través de ciberataques y espionaje sobre instalaciones estratégicas.
Ahora, recopilar información no basta: podrán neutralizar amenazas mediante operaciones propias. La inteligencia podrá manipular, suprimir datos o sabotear sistemas fuera del país.
Sin embargo, la protección física de las personas queda expresamente fuera del alcance. Críticas señalan que el refuerzo choca con derechos fundamentales y protección de privacidad.
