Cientos de mujeres migrantes acuden a los servicios sociales cada semana. En las oficinas, la confusión y el desconocimiento generan una incertidumbre constante.
Las barreras lingüísticas no son el único escollo para estas mujeres.
La burocracia compleja dificulta reclamar sus derechos y consultar servicios fundamentales. Especialistas insisten en que los prejuicios culturales frenan soluciones verdaderamente efectivas.
Sindicatos y ONGs abogan por más campañas educativas y orientación personalizada cercana. El refuerzo de redes comunitarias facilitaría información y acompañamiento desde el primer momento.
