En Bélgica, jóvenes callan tras sufrir algún intento de estafa digital. Temen admitir ante sus familias haber sido víctimas de estas estafas.
La mayoría tiene su primera tarjeta antes de cumplir catorce años.
Una plataforma enseña a diferenciar entre pagos seguros y fraudulentos. Recrean en línea situaciones posibles con promociones y enlaces de amigos.
Padres reciben pautas para dialogar y detectar señales de engaño financiero. Los jóvenes reconocen menos avisos de peligro que sus propios abuelos.
