Después de las protestas, calles de Bruselas quedaron prácticamente intransitables. Mobiliario urbano y bicicletas compartidas ardieron junto a las aceras centrales.

El nueve de octubre de dos mil veintiséis ocurrió esta protesta.

La policía de la capital desplegó equipos de intervención y apoyo operativo. Utilizaron una máquina telescópica para retirar restos calcinados con rapidez.

Autoridades aseguraron que el objetivo era devolver la normalidad diaria rápidamente. Tras la limpieza, el acceso y transporte pudieron restablecerse para todos.