En verano de dos mil veintiséis Europa experimenta olas mortales. En Francia, el mayor incendio arrasa miles de hectáreas boscosas históricas.

Decenas de miles de personas sufren cortes eléctricos y evacuaciones forzosas inmediatas.

Sicilia, Palermo y Agder también luchan contra múltiples focos incontrolados devastadores. Mientras tanto, el norte de África lidia con temperaturas extremas y evacuaciones masivas obligadas.

En Asia, lluvias torrenciales provocan dramáticas inundaciones y pérdidas humanas irreparables. Gobiernos piden coordinación mundial urgente ante la escalada de crisis climáticas.