Casi tres décadas después, Alemania enfrentó un pésimo año agrícola inesperado. Las fresas sufrieron una drástica caída provocando inquietud entre los agricultores locales.
La demanda alta y la temporada breve obligaron a importar más fresas.
El espárrago tampoco se salvó, registró sus peores cifras desde dos mil diez. El descenso en la superficie cultivada agravó aún más la delicada situación actual.
Los precios aumentaron porque los costes energéticos y la logística siguen creciendo notablemente. Habrá que esperar a la primavera dos mil veintisiete para conocer resultados finales.
































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