En las cárceles belgas hay más presos mayores que antes. En dos mil diecinueve sumaban quinientos cincuenta, hoy son setecientos diecinueve.
La Comisión de Control urge crear políticas específicas para estos internos.
Muchos reclusos pasarán los últimos años de vida encarcelados allí. Aumentan las necesidades sanitarias, logísticas y de apoyo individual especializado.
Algunos centros han organizado unidades específicas en Merksplas y Saint-Hubert. El reto principal es conjugar seguridad, asistencia y dignidad para todos.
