En pleno centro de Madrid, mil ovejas avanzan entre asombro multitudinario. Los turistas fotografían la escena, mientras los madrileños aplauden entusiasmados juntos.
El suelo vibra con cencerros y balidos, olvidando por horas los coches.
Durante aproximadamente cuatro horas, las calles históricas reciben el aroma rural. La comitiva simboliza siglos de trashumancia y el respeto por tradiciones antiguas.
Hoy, los pastores entregan simbólico pago a la alcaldesa en la plaza. El festival honra a quienes preservan pastoreo, naturaleza y cultura española viva.
