Bart De Wever declara haber tomado las riendas tras la crisis presupuestaria. El rey Felipe rechaza la dimisión, dando aún más fuerza política.

Los partidos opositores lamentan la consolidación del poder del primer ministro.

Empiezan reuniones a puerta cerrada con cada viceministro y su acompañante presente. Reclaman diez mil millones de euros para salvar las cuentas públicas nacionales.

La oposición y los líderes políticos parecen resignarse al nuevo equilibrio forzado. Los ciudadanos temen que la factura final recaiga otra vez sobre ellos.