Al finalizar dos mil veinticinco, la población alemana disminuyó notablemente. El descenso se explicó por el aumento de muertes sobre nacimientos.

Además, el flujo migratorio neto se redujo casi a la mitad nacionalmente.

Excepto en Berlín, Hamburgo y Bremen, la población no creció ya. El grupo etario entre sesenta y setenta y nueve años lideró el crecimiento.

Los mayores de ochenta años, en cambio, registraron un ligero descenso poblacional. La población extranjera subió levemente, destacando ciudadanos turcos con mayor presencia actual.